Más nalga que cerebro

Cuando ya estoy cerca de terminar mi doctorado, inconforme con mis propios resultados, descubrí algo que dudo mucho le guste al gremio en general: las buenas matemáticas no las hacen los más inteligentes sino los más disciplinados. En este punto, apenas el inicio de mi carrera científica, puedo decir que en el desarrollo del doctorado vi gente más inteligente que yo con peores resultados porque les faltó disciplina y gente menos inteligente que yo con mejores resultados porque fueron más disciplinados.

La primera vez que oí semejante desfachatez (así me pareció en su momento) fue al final de mi pregrado en boca del profesor Leonardo Rendón, durante mi curso de Teoría de la Medida, él lo resumía muy coloquialmente de la siguiente manera: «las matemáticas son noventa por ciento nalga y diez por ciento cerebro».

El problema para el orgullo del matemático radica en lo siguiente (hablaré en primera persona para no herir susceptibilidades): si mi resultado no depende tanto de mi inteligencia sino de mi disciplina, tal vez por otro camino, cualquier persona, incluso con capacidades intelectuales inferiores a las mías,  hubiera podido llegar ahí. De cierta forma esta perspectiva antiegolátrica anula (¿?) el genio personal, eso es lo que duele tanto. Aunque, claro, por otro lado exalta el logro y la dedicación de la persona.

Muchos años después la idea del profesor Rendón recibió un soporte de mucha autoridad cuando leí enfáticos comentarios de Terry Tao en su blog (aquí, aquí, aquí y aquí, por ejemplo) en los que exaltaba el trabajo duro y restaba casi toda importancia a la inteligencia superior.  Como Tao es probablemente el mejor matemático del mundo y para todos los estándares es un genio, algunos pueden pensar que lo dice por modestia. Pienso que no. Él es más que repetitivo en muchas de sus entradas al respecto y cita buenos artículos de estudios adicionales (como este y este). El primer artículo muestra la importancia de motivar a las personas por su trabajo duro y no por su inteligencia (lo primero estimula y lo segundo desestimula ante un problema difícil) y el segundo muestra que para producir alguna cosa realmente valiosa en cualquier área hay que dedicarle al asunto por lo menos unos diez años de trabajo dedicado.

Mi conclusión es que cualquier persona con una inteligencia normal, y quizás hasta con problemas de inteligencia, puede llegar a ser muy grande. La mayoría hemos oído la historia real de Isaac Newton: la mamá no lo quería dejar entrar a la universidad porque a las claras se veía que el muchachito carecía de talento. La mayoría sabemos lo que Newton después llegó a ser para la ciencia, contradiciendo de cierta manera a su madre. Lo que pocos saben es que Newton prácticamente se aisló por mucho tiempo, dedicado a entender mejor los asuntos que estudiaba, después de que durante mucho tiempo se había concentrado en aprender las cosas básicas. Esa es la parte que no se cuenta (Leí esa información hace poco en una biografía de Newton cuyo nombre no recuerdo).

Idéntica situación ocurrió con Albert Einstein, quien, como casi todos saben, trabajaba en una oficina de patentes. Lo que pocos saben es la razón por la que trabajó ahí: NO tenía beca durante su doctorado porque estaba muy lejos de figurar entre los mejores estudiantes. Durante dos años buscó un trabajo como profesor que nunca llegó. Fue durante su trabajo en la oficina de patentes que, con mucha disciplina, Einstein publicó sus famosísimos tres papers. Estaba lejos de ser brillante; inclusive cuando uno de sus profesores vio los artículos dijo que no podía creer que Einstein hubiera producido algo de semejante calidad.

A los matemáticos nos gusta pensar de nosotros en términos de la visión general en que se nos tiene:  supuestamente somos las personas más inteligentes. Tal vez por eso pueda doler tanto aceptar el hecho de que es más importante la disciplina. Lo cierto es que, en cuanto a mí, conozco mucha gente más inteligente que yo tanto afuera de mi pequeño espacio de probabilidad como adentro de él. Pero en ningún caso, tanto adentro como afuera, en matemáticas y en las otras profesiones, he visto que alguien llegue a la cima y se mantenga sin esfuerzo.

«El que ama la disciplina, ama el conocimiento» decía el rey Salomón. Después de todo este tiempo descubrí que Rendón, Tao, Salomón y hasta mi abuelita tenían razón… decía la viejita: la constancia vence lo que la dicha no alcanza😉.

6 pensamientos en “Más nalga que cerebro

  1. Pingback: Estudiar con constancia y dedicación « Bitácoras en Estadística (Alexjzc’s Blog)

  2. Pingback: Enseñar cálculo con base en probabilidad y otras cositas « Probabilidad y ciencia

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  4. Totalmente de acuerdo contigo, más nalga que cerebro. Estoy haciendo mi tesis de maestría y cada vez descubro más baches en mi “conocimiento” de estadística. Enhorabuena, espero que continúes descubriendo más imperfecciones de nosotros los matemáticos, i.e. los inteligentes.

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