Vida antes de la Tierra

Vía Max Andrews supe de este preprint en el arXiv que me pareció interesantísimo: Life Before Earth. Más allá de los nombres y credenciales que aparecen en el texto, Alexei Sharov y Richard Gordon, no tengo ni idea quiénes son los autores. El artículo llama inmediatamente la atención porque dice que la vida debió originarse hace más o menos 9700 millones de años en las cuentas más alegres (suponiendo que la complejidad genética es solo exponencial); es decir, alrededor de 2 veces la edad de la Tierra.  Pero que si se tiene en cuenta la existencia de efectos potenciales hiperexponenciales, el origen podría ir más para atrás en el tiempo hasta hace 13750 millones de años, es decir, hace aproximadamente 3 veces la edad de la Tierra y prácticamente en el inicio de la Vía Láctea.

El artículo no es tanto sobre cómo se originó la vida, sino sobre una regresión lineal en escala logarítmica al pasado. Es decir, a partir de la complejidad presente retrocede en el tiempo para ver cuándo se dio el origen de la vida.

Sugiere que la vida puede haber comenzado con elementos heredables únicos que serían funcionalmente equivalentes a un nucleótido y que, eliminando redundancias en la funcionalidad de los nucleótidos, se espera que la complejidad genética haya incrementado exponencialmente desde su inicio hasta ahora (¡una suposición fuertísima la del crecimiento exponencial!). Atribuye semejante velocidad de crecimiento a 3 factores principalmente: (1) Cooperación genética, (2) duplicación genética con su consiguiente especialización y (3) surgimiento de nichos funcionales nuevos asociados con los genes existentes.

Dentro de las implicaciones que tiene tan antigua fecha para el origen de la vida, mencionan los autores las siguientes:

(1) Que desde la formación de algún par de bases genéticas (AT o CG) hasta el surgimiento de la primera bacteria pasaron 5000 millones de años.

(2) Que el ambiente en el cual la vida llegó a desarrollarse hasta un estado procariota (como las bacterias) pudo haber sido muy diferente al supuesto en la Tierra.

(3) Que no había vida inteligente en el universo antes de que apareciera en la Tierra, lo cual echa por el piso cualquier hipótesis de panspermia dirigida por extraterrestres, como la de Francis Crick.

(4) Que, obviamente, hubo panspermia.

(5) Que replicar experimentalmente el origen de la vida quizás necesite emular muchos eventos raros acumulados.

(6) Que la famosa ecuación de Drake para adivinar la cantidad de civilizaciones en el universo probablemente está errada (por el punto 3).

Contrario a Ray Kurzweil y su tesis de las máquinas espirituales, dice el artículo que no estamos llegando al punto de una “singularidad tecnológica”. Es decir, el punto en que las máquinas se reproduzcan solas y remplacen a los seres humanos. Más bien, pasará que la tecnología se usará para producir cada vez más “mejoras” en los humanos, como incrementar la inteligencia y la memoria, o hacer una especie de nube de almacenamiento con los cerebros de todos o varias personas. Sin embargo, dice que la complejidad funcional de la civilización humana también crece exponencialmente y se dobla más o menos cada 20 años. Reconoce que es difícil mejorar ese tiempo de 20 años por situaciones como el decrecimiento de la población en los países desarrollados, incremento del desempleo, problemas ambientales no resueltos y las amenazas de guerra, entre otros.

El artículo concluye con un llamado a mirar el asunto desde la “disciplina creciente de la biosemiótica, en la cual los organismos se consideran ‘agentes’ activos”. Significa esto que no solo debe considerarse la información à la Shannon, sino que debe considerarse el contenido semántico de esa información (digamos, un subconjunto mucho más reducido y específico de la información de Shannon. Lo cual me recuerda la razón por la que Kolmogorov inventó la teoría de recursión: porque la sola improbabilidad de los eventos que pueden ocurrir con un alfabeto no le permitía diferenciar si algunos de ellos poseían contenido semántico). Por eso hace un llamado a considerar de nuevo en la ciencia los objetivos y los significados. O sea, considerar la existencia de teleología, una posición que poca recepción tiene desde el neodarwinismo porque resultaría contradictoria a este, pero que está siendo requerida a gritos por la ciencia en este momento, a mi juicio, porque es innegable en que el contenido semántico de la información genética están presentes  los “objetivos y significados” necesarios para la realización de los procesos biológicos. Por es cierra diciendo que debe considerarse la evolución desde esta nueva perspectiva de información con significado.

Un artículo muy estimulante y altamente provocador.

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